jueves, 9 de abril de 2015

Baja mi nivel de tolerancia a la falta de educación

Me debo de estar haciendo mayor o mi nivel de tolerancia a la falta de educación es cada vez, menor…debe ser algo de eso porque si no, yo no estaría escribiendo este post. Puede que sea porque aún tengo el ceño fruncido y el corazón algo acelerado después de colgar el teléfono tras la última llamada.

No puedo poner nombres ni al periodista ni al medio con el que he hablado y juro que no es por cobardía ni por no ir de frente. Es simple y llanamente porque tengo clientes y cada vez que descuelgo el teléfono desde la agencia para hablar con un medio, me transformo automáticamente en uno de ellos y tengo que dejar de ser yo, con mi carácter, mis opiniones y mis reacciones. Sean las que sean.

Yo no sé qué harán otros y la verdad es que me importa bastante poco, pero en mi agencia tenemos la extraña costumbre de prepararnos los temas antes de hablar con un medio. Esto es, que tratamos de ponernos en la piel tanto del medio, como del lector/oyente/telespectador. Aunque algunos periodistas se permitan el lujo de contestar el teléfono a la defensiva, en mi agencia tenemos, sí, la extraña costumbre de hablar entre nosotros acerca del enfoque que creemos que le puede interesar al medio. También tratamos de confirmar el cargo y sección del periodista al que vamos a llamar y reflexionamos acerca de la orientación que le vamos a dar al tema en cuestión. En definitiva, en mi agencia intentamos no vender motos, sino aportar contenido de interés. Para ello, desarrollamos la laboriosa tarea de  perseguir a nuestros clientes para que nos faciliten toda la información que sean capaces de darnos y ejercemos, en ocasiones, la difícil tarea de decirles que hay temas que son absolutamente infumables.

 A pesar de estos esfuerzos y del tiempo que todo lo anterior nos consume, a veces metemos la pata en mi agencia o para ser más correctos, la meto yo. Puede que sea porque el contenido no sea tan interesante como a priori nos pensamos o quizá porque el tiempo transcurre demasiado rápido, y a veces no tenemos el tiempo que nos gustaría para poder tener los contactos de los medios al día. También son muchas las veces en que no podemos sacar unos minutos para leernos en profundidad todos los medios generales y verticales que se publican en España. En ese sentido, entono el mea culpa. Ese tiempo hay que sacarlo de donde sea.

Dicho lo cual, y volviendo a lo o anterior. Resulta frustrante, irritante e incluso humillante, preparar así una llamada y que al contactar con el  medio te responda al otro lado un periodista que se empeña en demostrarte desde el minuto 1, que le estás molestando, que no tiene ningún interés en escucharte, permitiéndose el lujo, además, de hablarte con el desdén propio de quien está harto de que le cuenten gilipolleces e intentando hacerte sentir que debes estar loca por haber llamado, mientras compruebas una y otra vez que no te has equivocado ni de medio, ni de sección, ni de redactor. Son periodistas que cuando dan por finalizada llamada, cuelgan el teléfono y cargados de razones, critican por enésima vez a “los pesados” de las agencias de comunicación. Agencias de comunicación que les facilitamos temas, información y noticias a diario; agencias que tenemos que funcionar a base de fechas límite, y la mayoría de las veces “para hoy”; agencias de comunicación que por desgracia para nosotros, no tenemos de clientes a grandes compañías inversoras de millones en publicidad como puede ser P&G, Telefónica y el Corte Inglés, y que tenemos que ganarnos el respeto de los periodistas y del sector a base de demostrar nuestra profesionalidad poco a poco, y día y día.

Una profesionalidad que llega hasta el límite de no perder las formas, hasta el límite de no olvidarnos de que seguimos siendo el cliente. Una profesionalidad que te obliga a tragarte el orgullo para no decirle lo que se merece oír y que nunca oye porque sientes que si lo haces, el que se la juega no eres tú. Al final solo te escuchan tus compañeros, que son los que en definitiva te aguantan pacientemente y te dicen con cariño, que no le des más vueltas al tema.





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