martes, 9 de noviembre de 2010

La adrenalina que me mueve

Hay algo de la vida de una agencia de comunicación que me sigue encantando aunque pasen los años. Me refiero a la elaboración de propuestas para posibles nuevos clientes. Vale, que casi siempre protesto porque generalmente la elaboración de una propuesta suele coincidir, gracias a esa ley que tanto me acompaña en la vida, Murphy, con un pico de trabajo.

Pero bueno, supongamos que coincide con una época tranquila y puedo ponerme a ello con cierta tranquilidad. Me encanta, el momento en que introduzco la palabra del potencial cliente en la barra de búsqueda de mi mejor amigo, Google (lo siento por el resto de mis amistades, pero Google, me da todo lo que le pido sin esperar nada a cambio). A partir de ese momento, entras en un nuevo mundo, tratas de comprender a lo que se dedica la compañía, buscas información sobre el sector en el que se desenvuelve, incluso datos o estudios que permiten conocerlo en mayor profundidad; también tratas de empezar a conocer a la que podría ser tu competencia y aunque todavía la cuenta no es tuya, ya comienzas a observar a los otros con cierto recelo..

Una vez que consigues situarte, recurres al briefing que te ha faclitado la marca. Este, a veces es bueno y otras veces, te lo tienes que imaginar. En la mayoría de los casos, por lo menos, eres capaz de vislumbrar cuales son sus necesidades de comunicación y los objetivos que busca.

Diseñas entonces un plan adecuado a esa necesidad y aunque siempre he sido partidaria de tratar de ser creativo a la hora de hacer una presentación, con el tiempo, me he dado cuenta de que lo importante es tener en cuenta siempre al que va a ser tu interlocutor y tratar de ajustarte a lo que espera de la agencia y del plan que se le va a presentar. Puede que sea un experto en comunicación y marketing, en cuyo caso el planteamiento tendrá que hacerse de una forma más directa y se podrá ir más al grano en el tipo de acciones que se planteen, porque lo que esperará de ti es eso, acciones sin rodeos que le permitan lograr los objetivos que se ha propuesto para la compañía que representa.

También están aquellos otros potenciales clientes que a pesar de que también quieren cumplir sus objetivos, es necesario ponerles en contexto sobre el por qué de una u otra acción propuesta. En esos casos es necesario dar un paso hacia atrás para explicar cuestiones, términos o herramientas que puedan hacer que el interlocutor quede convencido de que la acción va a tener el éxito esperado. Entre estos dos extremos, podemos encontrarnos con muchos perfiles intermedios a los que siempre habrá que estar atentos.

Sin entrar en más detalles sobre cómo debe estructurarse una propuesta, llega para mi, el mejor momento, el que más disfruto: el día de la presentación. A pesar de que ya han pasado años desde la primera vez que tuve que enfrentarme a una de ellas, sigue gustandome como lo que más, llegar a la sala de reuniones prevista y sacar el portátil y las copias para los que durante un rato serán los oyentes. Es cierto que los nervios hoy, son diferentes; se han transformado en cierta tensión, en una carga de adrenalina acompañada por la seguridad de que vas a a plantear una serie de cosas en las que confías y crees.

Cuando terminas y sales de allí, las primeras impresiones se comparten con el equipo; tratas de analizar lo que ha sucedido dentro de esa sala. Repasas lo que has dicho y cruzas el resultado con lo que te ha dado tiempo a observar mientras hablabas. Esto es, si ha habido algo de química, la postura de los clientes, su mirada de atención, si han realizado preguntas, si se miraban entre ellos, o miraban el reloj, si se detenían en alguna parte o si por el contrario iban avanzando en la presentación por delante de ti...Hay mil señales que te permiten saber si el encuentro ha sido o no exitoso.

Y aún así, comienza en periodo de la espera, hasta que se ponen en contacto contigo para darte el veredicto. Y durante esos días, vuelves una y otra vez a comentar la "jugada" y a pensar cómo fue todo. Llega también el momento de la autocrítica y quizá de alguna inseguriad, o no.

Sea cual sea el resultado, lo dicho; me sigue encantando esta parte de mi trabajo

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